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jueves, junio 26, 2008

Soledad

Sale danzando ante mí en el lago de cristal. Un día donde los cuatro soles nos quemaban la pálida piel y opacaban a las lunas. Su falda de pieles se empapó de lluvia ácida y se deshizo... traía otra debajo y se burló de mí. Entramos a una caverna muy parecida a esta y me contó la historia de la red que servía para pescar los sueños. Mientras hablaba, se mordía las uñas... la red para cazar sueños no era invención suya, sino de un científico loco que la creó para el gobierno. Para tenernos controlados, porque sin nuestros sueños... ¿qué somos? Después de eso la besé. Me besó. Bailamos con el sonido que emergía de las ramas disecadas. Seguramente si yo hubiese muerto en su lugar, en mi cápsula también vendría el mismo día, la misma imagen.

Lo que falta está justo aquí...

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martes, junio 24, 2008

Gunter, el magnífico

—¡Soy Gunter el magnífico! ¡zaz! ¡Nadie podrá librarse de mi súper espada vengadora del futuro! ¡Voy a matar al monstro sin cabeza y libraré al mundo! —así jugaba Tito en el amplio jardín de su casa. Su espada era la tabla de madera filosa que rescató de la basura. Él era Gunter, el magnífico. En eso se asomó la sirvienta. Hora de comer.

Tito la miró de reojo, pero hizo como que no. ¿Comer? Hora de comer... en la cocina alejado de todos... las sobras de Don Jorge... miradas reprobatorias de mamá no mamá... verduras cocidas siempre... agua de la llave... mejor me quedo con Gunter.

Salió la sirvienta a grandes zancos, arremangó su enorme vestido que no lograba cubrir sus flácidas carnes, se tronó los dedos y correteó a Tito por todo el jardín. Él no reaccionaba a los gritos de su “nana”, él corrió abriendo los brazos, queriendo volar... soy una gaviota que vuela sobre el mar... soy un pirata que asalta gente mala como Don Jorge.... El mar... ¿El mar? No. El pasto amarillento y el fuerte brazo de Chole agarrándolo por el cuello, su otra mano por los cabellos y su espada en el charco de lodo.



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