Soledad
Lo que falta está justo aquí...
Etiquetas: Cuento del día, Letralia
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—¡Soy Gunter el magnífico! ¡zaz! ¡Nadie podrá librarse de mi súper espada vengadora del futuro! ¡Voy a matar al monstro sin cabeza y libraré al mundo! —así jugaba Tito en el amplio jardín de su casa. Su espada era la tabla de madera filosa que rescató de la basura. Él era Gunter, el magnífico. En eso se asomó la sirvienta. Hora de comer.
Tito la miró de reojo, pero hizo como que no. ¿Comer? Hora de comer... en la cocina alejado de todos... las sobras de Don Jorge... miradas reprobatorias de mamá no mamá... verduras cocidas siempre... agua de la llave... mejor me quedo con Gunter.
Salió la sirvienta a grandes zancos, arremangó su enorme vestido que no lograba cubrir sus flácidas carnes, se tronó los dedos y correteó a Tito por todo el jardín. Él no reaccionaba a los gritos de su “nana”, él corrió abriendo los brazos, queriendo volar... soy una gaviota que vuela sobre el mar... soy un pirata que asalta gente mala como Don Jorge.... El mar... ¿El mar? No. El pasto amarillento y el fuerte brazo de Chole agarrándolo por el cuello, su otra mano por los cabellos y su espada en el charco de lodo.
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